Quién fui, quién soy y el rol de la comida en mi vida
Comida, comida, comida y más comida.
Sí, suena ya empalagoso y hasta da un poco de asco. Pero eso es lo que me pasa, el querer comer de forma constante.
No me da vergüenza contarlo, solo que necesito desahogarme. Quitarme este peso de encima.
Siempre fui gordita. Normal, pero bastante rellenita. Desde chica solía compararme con mis compañeras de colegio que eran muy muy flaquitas.
Recuerdo que en esa época la moda de vestir como la muñeca Barbie era tendencia. Se usaba todo de esa marca, desde las zapatillas hasta las remeras y pantalones. Vinchas y moños de pelo.
El tema era que esa ropa a mi no me entraba, ni por casualidad. Y quedaba fuera de la moda solo porque no tenía esas opciones como las otras al ser "normal" Aunque yo me viera gigante.
"Vos no podes ser una Barbie, sos gorda" me decían mis compañeras en el colegio. Y eso me destrozaba aun mas.
Lo gracioso era que, mientras me lastimaba que me dijeran que no podía ser parte de la secta Barbie, a mi me importaba tres pepinos porque yo solo quería jugar con mis peluches y hacer lo que se me daba la gana. Y entre esas cosas era comer.
Una, dos, tres y hasta cuatro porciones. Porque me encanta comer y porque simplemente no me llenaba. Y cabe aclarar que las porciones no eran chicas, sino mas bien mas grandes del promedio normal.
Así paso el tiempo. Lleno de pensamientos negativos hacia mi cuerpo y lastimando en el camino a mi autoestima. Pensando que, por ser gorda y con piernas mas grandes que las de los demás mi presencia no iba a ser tenida en cuenta. Mi opinión pasaría desapercibida.
Y fue por eso que empecé a crear una barrera de pesimismo y pensar que nunca podría ser la persona que siempre hubiese querido. La chica de cuerpo delgado, sexy, atractiva, e inteligente.
Y como el cuerpo no lo tenía y el pensamiento pesimista persistía en que no iba a lograrlo nunca, fue ahí cuando me di cuenta de que lo único que tenía para lograr era explotar mi inteligencia. Que es grande.
Por ello me escondí en los libros, en los escritos y en el estudio. Estudie dos carreras, publiqué dos libros - narro terror y misterio- y me capacite muchísimo para conseguir un trabajo increíble. En el que actualmente estoy.
Pero, cuando un pequeño rayo de luz se asomaba en el horizonte y confié en que todo iba a salir bien.
El chico que me gustaba y al que creí que nunca podría interesarle, me invitó a salir. Y ahí comenzo el desastre en mí.
Cabe aclarar que nunca había salido con nadie ni pensado en tener novio ya que el pensar que ser gordita no iba a ser querida ni deseada por ningún chico. Fue ahí cuando la realidad toco fondo y me desconcertó por completo.
Miles de preguntas pasaron por mi cabeza, miles, millones.
¿Por qué un chico querría estar conmigo? ¿Qué era lo que le atraía de mí? Si tenía mas de veinte kilos encima. ¿Por qué deseaba estar conmigo habiendo él estado de novio con chicas súper hermosas, de cuerpos envidiables y bien vestidas? Chicas que mostraban sus piernas sin pudor. A las que les entraba toda la ropa y que eran chicas gimnasio. Con todo en su lugar y de medidas escandalosas de revista.
Y yo acá, pesando setenta y cuatro kilos, midiendo un metro cincuenta y nueve, con celulitis, con piernas gorditas y brazos flácidos. Usando ropa grande porque me da vergüenza mostrar mi cola grande en la calle. Teniendo miedo de lo que dirán de mí, y el bobo de este chico hermoso diciéndome que lo que a él le atraía de mí era mi forma de ser. Mi personalidad.
Entonces fue ahí cuando, por arte de magia, estalló todo.
La cabeza se aceleró, no dormía en las noches pensando en dejar de comer, en fantasmas creados por mí de que sus ex's tenían la chance de volver con él ya que ellas tenían mejor cuerpo que yo. Que yo no valgo nada, que soy un desastre. Que el no estar estudiando y capacitandome ahora me iba a hacer quedarme atrás en el trabajo y de que podía perderlo. Todo lo que había logrado se iba a la basura porque era ficticio. Nada real.
Había creado a un monstruo que se escondió en el estudio para no poder solucionar sus problemas. Uno que se alejó de todo y que quería ser perfecto. Tanto, que hasta tenía problemas de ir al baño en lugares públicos o de casas ajenas porque me daba vergüenza que la gente escuchara el ruido que hacía dentro.
Esa cáscara de miseria que yo creía perfecta, esa Barbie que me imaginé que era se hizo añicos y el cuerpo débil que quedó debajo empezó a sufrir para hacerse fuerte. Padecí-y padezco aún pero en menor medida- de ataques de pánico y crisis de ansiedad muy fuertes. Taquicardia, desmayos en la calle y en transporte público, cambios de humor repentinos y el miedo a perderlo todo de adueñó de mi ser. No podía- aun me cuesta- viajar sola en transporte público por miedo a desmayarme de nuevo.
Lo pasé realmente muy mal.
Para colmo, comía pensando que la comida me iba a hacer sentir bien, cuando era lo contrario. Todo era excesivo. Hoy Starbucks porque estoy triste, mañana McDonald's porque como la pastilla antidepresiva me da felicidad me siento contenta y nada me importa entonces como la hamburguesa mas grande.
Porque la comida me encanta. ¿No? Entonces claro, esa era la excusa.
La comida.
Siempre fue eso.
Y entre que comía y mejoraba, aumentaba estrepitosamente de peso y los pantalones realmente no me entraron.
Hay algo que me impresionó al darme cuenta y era que mi cuerpo se había querido hacer escuchar desde siempre y no le había dado la oportunidad. Dos cosas fueron la clave para verlo con claridad, una que me había teñido el pelo de un color azul llamativo. Y la segunda fue que mi sonrisa paso de ser una fila de dientes radiantes a una simple línea hecha con los labios. Todo este tiempo había estado pidiendo ayuda y nadie, ni yo misma,me había dado cuenta de eso.
Mi familia no me habia apoyado ni creído en que no estaba bien. Simplemente me ignoraban porque aún lloraban la pérdida de mi abuelo.
Entonces, luego de pasar por un psiquiatra y psicólogo que no lograron nada en mí, miles de estudios médicos para descartar otras patologías, y el hecho de que mi humor ante las cosas era rabioso, tome cartas en el asunto.
Tenía la suerte de contar con plata para irme a vivir sola, así que eso fue lo que hice. Me fui.
Y me acompañó èl, quien no me soltó la mano en ningún momento. Jorge.
Nos fuimos a vivir juntos, en conclusión, y adoptamos a una gatita - nunca había tenido un gato en mi vida- y dos conejos.
El salir de mi casa ayudó un montón en mi sanación. El estar con Jorge, quien es la persona mas lógica que conozco me hizo calmar los pensamientos no racionales. Mejoré, mejoré un montón.
Volví a vivir con felicidad, a ver la luz radiante. A celebrar las pequeñas cosas.
Hasta hablo mas pausado, imaginate.
Y entonces, después de todo lo que te conté me vas a decir,¿y el tema de la comida?
¿Qué paso con lo de que eras gorda?
Bueno, simplemente me desnude ante el espejo y me sonreí. Después de todo lo que pasé, el cuerpo fue el que me aguantó todo. Quien me sostuvo a pesar de las caídas. Así que me di cuenta de que le debía mucho. Muchísimo.
Por años alimenté al cerebro, ahora le tocaba el turno del cuerpo.
Estoy aprendiendo a escuchar cada parte de mi ser. Comprendiendo si es hambre o si estoy estresada y es hambre por la ansiedad. Respeto mis tiempos y los de mi pareja, pero principalmente me respeto a mí.
Estoy orgullosa de lo que soy, en lo que me convertí. En todo lo que hice en estos años. Todo pasa por algo, y estoy feliz de que haya sucedido porque la felicidad que hoy siento es absoluta.
La vida es la vida. Pero la tuya propia es una locura de genial de poder experimentarla.
No pienso en futuro, pienso en el ahora.
Me compre una bicicleta fija, porque me di cuenta de que no me gusta ir al gimnasio. Camino del tren al trabajo, y al revés. Que son unas treinta cuadras. Trato de hacer ejercicio todos los días, porque el cuerpo me lo agradece y me genera felicidad.
Sonrío.
Veo cosas que me gustan y trato de entender aquellas que no, en la medida de lo posible.
No me enojo, comprendo. Si la personalidad de alguien no me cae bien, no me peleo. Simplemente le sonrío, porque el ser emocional no ayuda en nada sino empeora las cosas.
Trato de imitar a los demás en aquello que creo que me puede servir para mejorar.
También voy a terapia, no tan seguido pero voy. Porque me interesa aprender y conocerme y mantenerme estable con las emociones porque aun es muy reciente la recuperación de los ataques de pánico.
Elijo lo que quiero comer. Trato de comer lo justo, conocer cuando el apetito esta saciado. El cuerpo es mi templo, no un tacho de basura. Me doy permitidos, me encanta lo dulce después del almuerzo y la cena. Pero no me privo, sino que busco opciones saludables y no grasosas.
Comer saludable y ejercitarse el físico y el alma. Y la mente leyendo y hablando.
Me encanta hablar.
¿Un propósito para este año?
Paz.
Tengo objetivos, los cuales estoy deseosa de lograr de a poco.
Porque todo es un proceso.
Pero nunca te olvides de que todo, por mas mínimo que sea, tiene una enseñanza con la que vas a ser muy, muy feliz.
Gracias por leerme, gracias por compartir esta taza de té conmigo hoy.
Nunca probé unas galletitas tan ricas como las que trajiste. Porque nunca estuve tan feliz y en paz como lo soy hoy conmigo, y con vos.
Te mando un beso gigante y un buen regreso a casa.
Hasta el próximo té.






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